Hermanos y hermanas en el Islam, no hay duda alguna de los grandes beneficios que implica para el individuo y la sociedad el rodearse de buenas compañías, primero que todo, porque ellas transforman al individuo haciéndolo bueno y benefactor, y con individuos así toda la sociedad cambia para bien, haciéndose merecedora de las bendiciones que Al-lah ha dispuesto para todas aquellas sociedades que establezcan el bien y prohíban el mal, dice Al-lah: {Y si los habitantes de las ciudades [a las que les enviamos Nuestros Mensajeros] hubieran creído y no hubieran persistido en su incredulidad, habríamos abierto para ellos las bendiciones del cielo y de la tierra; pero desmintieron [Nuestros signos] y les castigamos por lo que habían cometido.} [Corán 7:96]
La recompensa de la buena compañía es ni más ni menos que el Paraíso, dice Al-lah: {Por cierto que quienes hayan creído y obrado rectamente tendrán como morada los jardines del Paraíso} [Corán 18: 107], {Purificaremos sus corazones del rencor que hubiere habido entre ellos. Vivirán [en el Paraíso] donde corren los ríos, y dirán [en agradecimiento]: ¡Alabado sea Al-lah! Quien nos guió [agraciándonos con la fe y recompensándonos con el Paraíso] y no hubiéramos podido en- caminarnos de no haber sido por Él; y ciertamente la promesa con la que vinieron los Mensajeros de nuestro Señor era verdad. Se les dirá [como bienvenida]: Éste es el Paraíso que habéis heredado [en recompensa] por vuestras obras} [Corán 7: 43], y: {Y purificaremos sus corazones de todo rencor. Serán todos como hermanos, y se sentarán unos enfrente de otros. Allí no volverán a sufrir, y vivirán eternamente.} [Corán 15: 47-48]
Los Salaf (nuestros predecesores justos, piadosos y virtuosos en el Islam) fueron las personas más preocupadas por hacerse de la compañía de gente que les llevara por el camino del bien, siguiendo las enseñanzas de su maestro, el Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam. En el Bujari encontramos una historia muy especial y particular que nos señala la importancia de tener personas a nuestro alrededor que nos den consejos y llamen la atención cuando nos vean que estamos fallando en algo; Abu Yuhaifah relató que el Mensajero de Al-lah hermanó entre Salman y Abu Darda’. En una ocasión, Salman fue de visita a donde Abu Darda’ y se encontró a su esposa triste y aburrida, le dijo: “¿Qué te pasa?”, le respondió: “Tu hermano Abu Darda’ está totalmente ajeno a los placeres de esta vida”. Así que cuando llegó Abu Darda’, que estaba ayunando, le dijo: “Si no comes yo no como”, entonces rompió su ayuno voluntario y comió. Al llegar la noche se disponía a pasarla en vigilia para orar, Salman le pidió que durmiera y así lo hizo. A las pocas horas se levantó para rezar, y nuevamente le pidió que durmiera, y volvió a dormir. Luego, cuando entró el último tercio de la noche, Salman lo despertó y le dijo: “Ahora sí, levántate y ora”, los dos rezaron. Al terminar, Salman le dijo: “Tienes obligaciones para con tu Señor, pero también para contigo mismo y para con tu familia, así que cumple con todos ellos”. Este suceso le fue comentado al Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, y él dijo: “Salman tiene toda la razón”. Qué gran ejemplo tenemos en este relato sobre la forma en que se recomendaban el bien entre sí.
De igual forma, en la historia quedó registrada la influencia nefasta y devastadora que tienen las malas compañías, en el Bujari también encontramos el relato de los últimos momentos de Abu Talib, el tío del Profeta Muhammad. Cuando estaba a punto de morir, su noble sobrino fue a verlo, encontró en su habitación a Abu Yahl (el más grande enemigo del Profeta) y a ‘Abdul-lah Ibn Al Muguirah. Al verlo en sus últimos alientos, el Mensajero de Al-lah le dijo: “Tío di La ilaha il-lal-lah (nada ni nadie merece adoración sino Al-lah), una frase con la que podré pedir a Al-lah misericordia para ti el Día del Juicio”. Abu Yahl le dijo: “¿Vas a rechazar y a abandonar todas las creencias y costumbres de tu padre ‘Abdul Muttalib?”. El Profeta seguía insistiéndole, pero estos dos demonios seguían presionándolo para que se negara a responder a su sobrino. Así, las últimas palabras que pronunció fueron: “Muero bajo las creencias y costumbres de ‘Abdul Muttalib”, rechazando por completo la invitación a la salvación que le hacía el Profeta, quien dijo: “Pediré perdón por ti”; sin embargo, Al-lah reveló la prohibición de hacerlo: {No corresponde que el Profeta ni los creyentes pidan perdón por los idólatras, aunque se trate de sus parientes, después de que se evidenció que ellos serán castigados en el Infierno} [Corán 9:113], y sobre Abu Talib dijo: {Por cierto que tú [¡Oh, Muhammad!] no puedes guiar a quien amas, sino que Al-lah guía a quien Él quiere. Él sabe quiénes seguirán la guía.} [Corán 28:56]
Cada uno de nosotros debe atender a todo lo que hemos hablado con anterioridad, para cuidarse de las malas compañías y buscar las que le benefician; pero además, debe estar muy atento del ambiente en el que se mueven quienes están bajo su responsabilidad, sus familias e hijos. Debe conocer la clase de amigos que les acompañan y la influencia que estos tienen en sus comportamientos, recuerden que es una responsabilidad por la cual seremos preguntados el Día del Juicio, y el Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “Todos son pastores y todos son responsables por su rebaño”, y: “Al-lah le prohibirá el Paraíso a una persona que traicionó la responsabilidad que Al-lah depositó en él de cuidar de quienes estaban bajo su tutela”. Así que no descuidemos nuestra obligación hacia ellos, pues no solamente se sufrirá en la otra vida por ser negligentes, sino que en esta vida también, ¿o es que un padre o una madre que ven a su hijo sumido en el alcohol, la droga u otro vicio destructivo, o a su hija que quedó embarazada siendo adolescente y sin haberse casado, están muy contentos con ello y no sienten remordimiento por no haberles brindado más atención antes de que cayeran en esto?
La solución está al alcance de todos, en vez de pensar que al ofrecer todo lo que los hijos necesitan en la parte material, debemos de igual forma, incluso más, preocuparnos por su estabilidad emocional, velar por su fe y por crearles un ambiente propicio donde puedan adquirir todas las buenas costumbres y comportamientos que el Islam ha establecido.
Pidan bendiciones por el Profeta Muhammad, tal como Dios se lo ordena: {Ciertamente Al-lah y Sus Ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él.} [Corán 33:56]
¡Oh Al-lah! Me refugio en Ti de desviarme o ser desviado, de equivocarme o de que me precipite en el error, de oprimir y ser oprimido, de ser ignorante o que sean ignorantes conmigo.
¡Oh Al-lah! Tú eres el Soberano, no existe dios excepto Tú. Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo. He sido injusto con mi alma, reconozco mis pecados, perdona todas mis culpas, y mis faltas porque nadie perdona los pecados sino Tú. Guíame hacia los mejores modales, no guía a ellos sino Tú. Aleja de mí las malas obras, no las aleja sino Tú.
¡Oh Al-lah! Perdóname tanto los pecados que cometí como lo que dejé de hacer, y aquellos que haya cometido en secreto y públicamente, y lo que haya malgastado, como también de aquellas cosas que Tú bien sabes de mí.