Siguiendo con la historia del Mensajero de Al-lah, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, él tuvo que salir de la Meca a Medina para continuar con la divulgación del Mensaje de su Señor, y estableció allí el primer Estado Islámico sobre las bases del monoteísmo, el amor al prójimo, la fraternidad, el socorro al oprimido, las leyes justas y la asistencia al débil y al necesitado.
Quraish combatió en su contra en varias batallas, triunfó en algunas y murieron como mártires algunos de sus mejores Sahaba (Compañeros), que Al-lah esté complacido con ellos; sin embargo, Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, nunca perdió la fe en Su Señor, y finalmente sus esfuerzos fueron coronados con la liberación de la Meca. Un hecho significativo de la liberación de la Meca es que cuando sus habitantes escucharon que el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, había ganado la batalla, se asustaron, pues pensaron en las agresiones que habían cometido contra él y que tomaría venganza; sin embargo, la entrada a la Meca fue totalmente pacífica. Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, ordenó a los Sahaba que no hirieran ni maltrataran a nadie, un hecho poco común en esa época y que significó que muchas personas se convirtieran al Islam. Después, el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, empezó a mandar expediciones de divulgación y de defensa, logró gobernar toda la Península Arábiga con paz y seguridad.
Después que Al-lah perfeccionó y completó esta religión, y que el Mensajero de Al-lah cumpliera con su misión a cabalidad, Al-lah, Altísimo y Todopoderoso, reveló la Sura “El Socorro” que dice: {En el nombre de Al-lah, Clemente, Misericordioso.
1. [¡Oh, Muhammad!] Cuando llegue el socorro de Al-lah y la victoria [la conquista de la Meca]
2. Y veas a los hombres ingresar en tropeles en la religión de Al-lah,
3. Glorifica y alaba a tu Señor por ello, y pide Su perdón; por cierto que Él es Indulgente.} [Corán 110:1-3]
Con esto le indicaba sutilmente la cercanía de su muerte, y le indicaba que la alabanza a Al-lah en el momento de la victoria y el poder era una señal de humildad y sometimiento a Al-lah.
El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, le indicó a sus Sahaba, que Al-lah esté complacido con ellos, la cercanía de su hora y la inminencia de su partida. Estando en el peregrinaje de la Despedida (Hiyyat ul Wada’) hizo un Jutba ante todos y se despidió sutilmente de ellos, les dijo de forma reveladora: “Tal vez no nos veamos el próximo año”, según nos relata Muslim en su Sahih.
¡Hermanos y hermanas en el Islam! Cuando le llegó la hora de la muerte al Mensajero de Al-lah, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, le vino un fuerte dolor de cabeza que fue intensificándose, y luego una fiebre muy alta que hacía temblar su cuerpo. Relató Abu Sa’id Al Judri, que Al-lah esté complacido con él: “Salió el Enviado de Al-lah cuando sufría la enfermedad de la cual murió, y tenía la cabeza cubierta por un paño amarrado. Se paró en el Minbar (púlpito) y dijo: ‘En verdad que a un siervo de Al-lah se le mostró la vida mundana y sus placeres, pero él eligió lo que hay junto a Al-lah’. Y nadie se dio cuenta de lo que les estaba diciendo, sólo Abu Baker”.
Cuando se hizo evidente la enfermedad del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, pidió permiso a sus esposas para ser atendido en los aposentos de ‘Aishah, que Al-lah esté complacido con ella, y esa es una muestra de su gran moral, sus modales y su ternura. Salió de la casa de Maimuna, que Al-lah esté complacido con ella, apoyado en Al Fadl ibn Al ‘Abbas y ‘Ali ibn Abi Talib, que Al-lah esté complacido con ellos, pues no podía caminar solo.
Y la hija del Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, Fátima, que Al-lah esté complacido con ella, quien era la luz de sus ojos, decía: “¡Qué padecimiento, padre mío!” Y él, que la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, le respondía: “Tu padre ya no sufrirá padecimiento alguno después de hoy”. [Bujari] Estas palabras se consideran un consuelo para los que sufrían al verlo en ese estado de entre sus familiares cercanos.
La dolencia se hizo fuerte en el cuerpo del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, tanto así, que lo mantuvo postrado en cama y sin salir. Sin embargo, su preocupación por la gente, el cumplimiento de las órdenes de Al-lah y la oración se mantenían.
Otro de sus consejos finales, pronunciados con suma dificultad en sus horas extremas, es lo que relató Anas ibn Malik, que Al-lah esté complacido con él, sobre la recomendación final y general del Mensajero de Al-lah, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam: “El rezo, el rezo y el buen trato hacia los sirvientes”, que lo pronunciaba con voz ronca y extrema dificultad.
Una última mirada del gran amor y respeto que sentían los Sahaba, que Al-lah esté complacido con todos ellos, por el Profeta Muhammad, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, nos la da Anas ibn Malik, que Al-lah esté complacido con él, cuando nos dice: “…hasta que llegó el día lunes, y estando en las filas (los Sahaba, que Al-lah esté complacido con ellos) durante el rezo, de pronto vimos que el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, abrió su cortina y su figura surgió desde sus aposentos en pie y mirándonos. Su rostro era como el papel del Corán (en su belleza y luminosidad) y pronto nos sonrió y empezó a reír. Casi armamos una confusión por el júbilo de ver al Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam. Abu Baker, que Al-lah esté complacido con él, hizo el intento de retroceder para rezar entre nosotros nuevamente, pero el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, le indicó que continuáramos con el rezo y volvió a correr la cortina”.
Esa fue la última vez que se le vio aparecer en público, pues poco después ese mismo día falleció.
Pidan bendiciones por el Profeta Muhammad, tal como Dios se los ordena: {Ciertamente Al-lah y Sus Ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él.} [Corán 33:56]
¡Oh Al-lah! Me refugio en Ti de desviarme o ser desviado, de equivocarme o de que me precipite en el error, de oprimir y ser oprimido, de ser ignorante o que sean ignorantes conmigo.
¡Oh Al-lah! Tú eres el Soberano, no existe dios excepto Tú. Tú eres mi Señor y yo soy Tu siervo. He sido injusto con mi alma, reconozco mis pecados, perdona todas mis culpas y mis faltas, porque nadie perdona los pecados sino Tú. Guíame hacia los mejores modales, nadie guía a ellos sino Tú. Aleja de mí las malas obras, no las aleja nadie sino Tú.
¡Oh Al-lah! Perdóname tanto los pecados que cometí como lo que dejé de hacer, y aquellos que haya cometido en secreto y públicamente, y lo que haya malgastado, como también aquellas cosas que Tú bien sabes de mí.