¡Musulmanes! Dañar al vecino es un pecado grave. Abu Shuraih, que Al-lah esté complacido con él, relató que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “¡Por Al-lah que no es creyente! ¡Por Al-lah que no es creyente! ¡Por Al-lah que no es creyente!” Le dijo: “¿Quién, Mensajero de Al-lah?”, él dijo: “Aquel cuyo vecino no está a salvo de su maldad”’.
En el Sahih de Muslim, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, se cita que Abu Huraira, que Al-lah esté complacido con él, contó que el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “No entrará en el Paraíso aquella persona cuyo vecino no esté a salvo de su maldad”. En ambos Sahih también se cita que el Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Quien cree en Al-lah y el Día Final que no dañe a su vecino”.
Abu Huraira, que Al-lah esté complacido con él, relató que se dijo: “¡Mensajero de Al-lah! Fulana reza por la noche y ayuna por el día, pero de su boca salen cosas que dañan a sus vecinos”. Y el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “No hay bien en ella, estará en el Fuego”; y también se le dijo: “Fulana reza las oraciones prescritas, ayuna Ramadán y da en caridad joyas grandes, y no hace nada más; pero no difama ni habla mal de sus vecinos”. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo: “Estará en el Paraíso”.
Incluso se ha encontrado hadices donde se maldice a quien daña a su vecino, tal como se relata en el transmitido por Abu Yuhaifa, que Al-lah esté complacido con él, del hombre que llegó ante el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, reclamando de su vecino, al final de lo cual el Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, le dijo al vecino dañino: “Pues Al-lah te ha maldecido antes que la gente”. [Bujari, en Al Adab Al Mufrad]
¿Cómo es posible que conociendo tamañas amenazas y advertencias contra los que dañan a sus vecinos haya gente que aún se anime a hacerlo?
Todos los días vemos cómo se transgrede esta enseñanza del Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él: los que estacionan su vehículo frente a la entrada del vecino, los que vierten aguas servidas frente a su casa o botan su basura de tan terrible olor o escombros molestos. Otros hacen cosas peores, como tomar cosas de sus vecinos o apropiarse de parte de su terreno. El Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam, dijo, según el relato de Al Miqdad Ibn Awad, que Al-lah esté complacido con él: “Es menos grave que una persona robe en diez casas que robarle a su vecino”.
Otras formas de daño a los vecinos es perjudicar a sus hijos o sus pertenencias o causar tumulto y ruidos molestos, como ser música, gritos, portazos, golpes, alarmas y otras cosas, en especial en momentos de descanso. Todo lo mencionado son cosas que no se debe hacer a nadie, peor a los vecinos.
Otro aspecto del daño o molestias causados a los vecinos es alquilar a quién les incomode, como alquilar a un soltero entre casas de familia, o a gente corrupta que pueda corromper a la gente del barrio o alquilar a gente que establezca en el barrio bares, prostíbulos, juegos de azar o discotecas y karaokes.
Ibn Rayab, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo: “Las escuelas de Ahmad y de Malik sostienen que se impida a la persona disponer de su propiedad particular de una manera que dañe a su vecino”.
Otro modo de esta figura es que una persona venda un lote de terreno o una casa que posea sin ofrecérsela primero a su vecino. Ibn ‘Abbas, que Al-lah esté complacido con él, relata que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Quien tiene una tierra y desea venderla, que se la ofrezca a su vecino”.
De las peores formas de daño al vecino es la traición y el engaño, ya sea espiándolo, colaborando con su enemigo, fisgoneando sus intimidades o a sus hijas, esposas o familiares por el techo o por la pared o al visitarlo. Esta es una de las peores formas de comportarse, tanto que los árabes preislámicos, con toda su ignorancia e incredulidad, lo consideraban algo vergonzoso. Sin embargo, hoy tenemos vecinos que llegan hasta acosar o violar a sus vecinas. ¡Qué bajo han caído!
Ibn Mas’ud, que Al-lah esté complacido con él, relata que dijo al Profeta, sal-lal-lahu ‘alaihi wa sal-lam: “¿Qué pecado es peor?”, y él respondió: “Que atribuyas iguales a Al-lah siendo que Él te creó”. Dijo: “¿Y luego cuál?”, respondió: “Que mates a tu hijo por temor a compartir el alimento con él y quedar en la ruina”. Dijo: “¿Luego cuál?”, contestó: “Que forniques con la esposa de tu vecino”. Y Al Miqdad, que Al-lah esté complacido con él, dijo: “El Mensajero de Al-lah, que la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘¿Qué opinan sobre el adulterio?’ Dijeron: ‘Es algo ilícito que Al-lah y Su Mensajero prohibieron, por lo que es pecado hasta el Día de la Resurrección’. Dijo: “Fornicar con diez mujeres es menos grave para un hombre que hacerlo con la mujer de su vecino”.
Que teman, pues, a Al-lah aquellos traidores que buscan la oportunidad de traicionar y dañar a sus vecinos acosando a sus vecinas a través de piropos o por teléfono. Eso es algo muy grave y peligroso; Al-lah dice: {Y quienes ofenden a los creyentes y a las creyentes sin tener motivo, he aquí que cometen un pecado evidente.} [Corán 33:58]
Pidan bendiciones por el Profeta Muhammad, tal como Dios se los ordena: {Ciertamente Al-lah y Sus ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pidan bendiciones y paz por él.} [Corán 33:56]
¡Oh Al-lah! Me refugio en Ti de desviarme o ser desviado, de equivocarme o de que me precipite en el error, de oprimir y ser oprimido, de ser ignorante o que sean ignorantes conmigo.
¡Oh Al-lah! Tú eres el Soberano, no existe dios excepto Tú. Tú eres mi Señor y yo soy Tu siervo. He sido injusto con mi alma, reconozco mis pecados; perdona todas mis culpas y mis faltas, porque nadie perdona los pecados sino Tú. Guíame hacia los mejores modales, nadie guía a ellos sino Tú. Aleja de mí las malas obras, no las aleja nadie sino Tú.
¡Oh Al-lah! Perdóname tanto los pecados que cometí como lo que dejé de hacer, y aquellos que haya cometido en secreto y públicamente, y lo que haya malgastado, como también aquellas cosas que Tú bien sabes de mí.